En el segundo día de estas Jornadas tuvimos el placer de conocer la opinión de los profesores de la Universidad de Wroclaw Jedrzej Morawiecki y Malgorzata Kolanwoska. Ambos hablaron sobre “La impronta de Kapuscinski en el actual periodismo polaco”. ¿Qué quiere decir esto? Pues en primer lugar que debemos situar a Kapuscinski dentro del contexto periodístico polaco de su tiempo. Saber cómo y cuándo aparece.
Para centrar a este gran periodista, me gustaría presentar, de la mano de Malgorzata Kolankowska (hispanista, periodista y profesora de la Universidad de Wroclaw), a otros grandes reporteros, literatos o escritores que marcaron el inicio del reporterismo polaco. Destacaré en primer lugar al que es considerado el padre del periodismo de Polonia; Melchior Wánkowicz, él fue quien dijo que “el reportaje es tan antiguo como la lengua humana” y escribió libros como “Na tropach Smetka”. Pero todo hay que decirlo, y al principio no se hacían reportajes como lo que conocemos hoy, no. Antes eran historias únicamente escritas con información pura, y contadas con un lenguaje muy severo. Pero, como nos explicó Malgorazta, “escribir un reportaje es como hacer un mosaico, no se puede pintar ninguna pieza, cada una hay que encontrarla en su propio color”. Distinguir sus experiencias personales desde un punto de vista único que hay que conocer para trasmitirlo de la forma adecuada. Un reportaje se asemeja más a un escritor naturalista, porque lo que escribe tiene que captarlo con todas sus características.
Pero lo importante aquí es saber, ¿cómo hacía los reportajes Kapuscinski? Este aspecto podemos conocerlo desde el punto de vista y la experiencia de Malgorzata Kolankowska:
Kapuscinski buscaba, pues, meterse en el mundo de “el otro” y estar al mismo nivel que sus interlocutores. Por tanto, lo que nos quiere decir es que hay que prepararse culturalmente antes de cada viaje, informarse, conocer el mundo que quieres transmitir a tus lectores. Esto es la importancia del taller. Kapuscinski dijo: “hay que encontrarse diez veces con una persona para escribir un buen reportaje”; y así es. Puesto que una de las condiciones de éxito de un periodista es mantener una grata relación con tu interlocutor (Jacek Hugo-Bader). Hay que ganarse su confianza, debes conocerle, escucharle; y para ello hacen falta varios encuentros personales. Para escribir la verdad es necesario conocer hasta el más mínimo detalle. Y como subraya Malgorzata hay que centrarse en el detalle, trasladar los sentimientos “y si hace falta que los lectores lloren, que lloren”. WłodzimierzNowak también apoya esta idea y la explica de la siguiente manera: “Hay que escribir de forma que no sólo sufra el protagonista, sino también el lector”.
Otro de los autores al que le interesaban los mismos destinos que a Kapuscinski fue Wojciech Jagielski quien dijo de aquél que fue y sigue siendo su maestro: “Es alguien que inspira, y los encuentros con él nos dan fuerza. Richard Kapuscinski era un tipo de periodista que yo quería seguir, alguien que ve el mundo de una manera distinta a los demás…”. Siguiendo el ejemplo de otra gran reportera, destacaré una anécdota que me llamó la atención. La protagonista era Beata Pawlak reportera de una de las revistas más importantes de Polonia: Gazeta Wyborcza. Ella escribía sobre el Islam como nadie en la prensa polaca, tuvo contacto con terroristas que –en palabras de Malgorzata- la trataban muy bien. Eso da una visión fundamentalista que te introduce en su cultura y te la muestra como algo más que un simple estereotipo. No da una visión idealista. La paradoja aparece cuando Beata murió a manos de un atentado terrorista.
Pero todo esto me hace recalcar una idea que se me quedó grabada de la intervención de Kolanwoska y es que para redactar un buen reportaje es imprescindible que el texto tenga un valor añadido, que sea universal y que no se olvide. A ese punto debemos llegar los periodistas porque si para algo sirve esta profesión es para cambiar el mundo.