El espejo by Mavi Gomis











{5 mayo 2010}   II Seminario Internacional: Dr. Rubén Darío Torres y Agustín Vico

Debemos saber en primer lugar, y desde el punto de vista sociológico y politológico, en que se diferencia la obra de Kapuscinski de “El emperador” con otras; como dice Rubén Darío esta diferencia está en la fragmentación. Esta obra es un texto dividido en capítulos puesto que Kapuscinski publicaba cada episodio por separado en la revista para la que trabajaba; pero después los unía en un texto completo que no pierde su coherencia e intregridad. El hecho de que sea un texto fragmentado no le quita el sentido de totalidad a la historia.

Esta obra es absolutamente extrapolable a cualquier contexto histórico y a cualquier tipo de sociedad, Rubén pone el siguiente ejemplo:

 Leer este libro es entender que la pobreza, subdesarrollo, analfabetismo y hambre de Etiopía, no son sino el fruto de la arbitrariedad, egoísmo y politiquería de los gobernantes de ese país, que se pusieron una venda para no ver, mientras se aprovecharon de las comodidades de la vida en palacio y gozaban del favoritismo del emperador. Mantener todas las facciones en equilibrio de poder, significa entretener a los pueblos en distintas actividades para que todo continúe como está. Y esto continuará mientras los impuestos a los campesinos, la falta de apoyo del gobierno y los celos de los gobernantes no dejen que llegue ayuda humanitaria y de alimentos de otros países. El problema es político, debido a las reglas de distribución y las injusticias, que no únicamente se dan en países autoritarios sino en cualquier gobierno y que, apoyándome en lo que ha explicado Rubén, “El emperador” es extrapolable a cualquier ámbito de la praxis política que recuerda el cortejo de, por poner un ejemplo actual, el Presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. Es decir que del año 74 aquí no han cambiado mucho las cosas.

 

Agustín Vico

 

Agustín Vico define a Kapuscinski como un ejemplo, un ejemplo del tipo de periodismo que debe perdurar, un periodista que se dedica a contar buenas historias, contrastadas, trasladándose al lugar de los hechos, buscando fuentes directas y transmitiendo esa atmósfera, ese tono que te transporta al lugar donde suceden los hechos y te hace verlo más que leerlo.

El emperador es un reportaje de historias, un análisis de un sistema corrupto y con testimonios que cuentan lo que allí pasó, como ya hemos avanzado.  Kapuscinski trabaja así, dice Agustín, manteniendo constante su forma de trabajar: busca testimonios sobre la los hechos que informa y que quiere relatar, y busca a los protagonistas de los hechos que narra. Ese es el periodismo de siempre, de fuentes claras. Un periodismo arriesgado, porque “en esta profesión es tan difícil encontrar buenas historias y que te las compren que cuando encuentras una que merece la pena, como es El imperio, merece ser recordada”.

Para Agustín, el imperio también es un tratado de periodismo que nos indica con quien hay que hablar. Una serie de artículos contados “a pie de obra”; es decir, en el lugar de los hechos, con fuentes propias y sobre todo contado desde ese enfoque personal que da vida a la obra “El emperador”.  Kapuscinski es un ejemplo de periodista de referencia. Éste es el tipo de periodistas que sobrevivirán, los que cuentan historias de calidad desde el lugar de los hechos; aunque tal y como está la situación actual en el mundo de la información y debido a la falta de iniciativa, de interés y, no menos, de tiempo, el periodista ve restringidas sus posibilidades de contar buenas historias.

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